Diego James Thompson

1788 - 1855

Ingles. Predicador, Profesor, Colportor

 

 

Como su padre era miembro del Consistorio de la Iglesia Presbiteriana y Director de una Escuela Pública, Diego James Thompson se crió en un hogar donde la Biblia y la educación eran los pilares de la cultura y los recurrentes temas de la conversación familiar. Inmenso en este ilustre ambiente era dable esperar la composición de un hombre superior. Thompon llego a ser pastor y un eminente predicador, Thompson llego a ser un pedagogo y un notable profesor. Su vida en el puerto de Creetown ubicado en Escocia, le permitió entender las claves del desarrollo noreuropeo a partir de la reforma protestante por osmosis y sentir el llamamiento de los pueblos de ultramar por el contacto con los marineros. No obstante lo anterior, aceptó la invitación para ir de misionero a Francia. Los biógrafos del insigne colportor bíblico, dan cuenta que mientras se impregnaba diariamente de la fonética francesa, la puerta se cerró, es decir, Dios tenía escogido otros países para él. Una vasta población sudamericana dejaba de ser colonia, ganaba la libertad, pero asumía el desafío de construir nación y Dios estaba interesado en intervenir en el proceso formador. Thompson era el instrumento afinado para digitar el teclado divino.

 

Como ya se sabe, una de las primeras ocupaciones de O’Higgins como Director Supremo de la Nación fue crear escuelas populares, ya que cuando Chile era una Colonia de España, las escuelas existentes estaban destinadas a las clases pudientes. Para desarrollar este proyecto educativo contrató a Diego James Thompson, especialista en la metodología lancasteriana. Diego James Thompson llegó entonces a Chile traído por el gobierno para fundar escuelas públicas para los chilenos, exactamente para los niños pobres. Venía de Argentina donde había fundado más de cien escuelas con unos cinco mil alumnos. Al implantar su sistema educacional lancasteriano en Sudamérica, puso como texto de lectura la Biblia, llegando esta a infinidad de hogares. Diego James Thompson a la sazón trabajaba para la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera distribuyendo las Escrituras en el continente americano. La metodología pedagógica lancasteriana consistía en utilizar como monitores a los alumnos más aventajados. En el momento que un alumno entendía la materia, la enseñaba a sus compañeros y así el aprendizaje se reproducía exponencialmente.

 

Thompson cumplió su contrato de un año en el país y partió al Perú a cumplir la misma misión. Sin embargo, antes de dejar Chile, en una ceremonia solemne recibió el siguiente reconocimiento oficial firmado por el propio Director Supremo: “El ciudadano Bernardo O’Higgins, Director del Estado de Chile, atendiendo el notorio patriotismo de don Diego Thompson, natural de Inglaterra, y al relevante mérito que se ha labrado en Chile como director de escuela de enseñanza mutua, según el sistema de Lancaster, establecido en esta capital en la Normal y otras que se han abierto, he venido en declarar, como lo declaro, por ciudadano chileno” Dado en el Palacio Dictatorial de Santiago de Chile a 31 de Mayo de 1822.

 

Bernardo O’Higgins Joaquín Echeverría

 

El fracaso de este proyecto educativo del que da cuenta el sacerdote Ignacio Vergara en su libro “El Protestantismo en Chile”, no debe atribuirse a alguna impericia administrativa de Thompson, como tampoco a debilidades de su propuesta pedagógica, fue consecuencia de la falta de apoyo o dicho de otra manera, de la oposición que parte del clero católico ejerció en contra, en parte porque el profesor era protestante, pero más que nada, por el uso de la biblia en el sistema, señala el sociólogo Christian Lalive en su libro “El Refugio de las Masas”. Algunos historiadores cuentan, que más de cien biblias que quedaron a la partida de Thompson, fueron quemadas en la plaza pública. Reflexionando objetivamente sobre estos hechos, con la perspectiva que da el tiempo, podemos señalar que el sistema no pudo mantenerse en el tiempo por el rechazo católico al texto escolar usado. No obstante lo anterior, el inicio de la educación pública chilena debería recordarse y estar incluido entre las efemérides anuales que el ministerio de educación establece para las escuelas del país. Si el mineduc desestima la propuesta, tal vez podría impulsarla la Sociedad Bíblica.

 

Entre los precursores por una sociedad cristiana en Chile, don Diego James Thompson debe estar incluido. El vio la revolución independentista americana como un tipo de la reforma protestante europea y deseaba que el mismo desarrollo económico y académico que sobrevino a los países del norte de Europa que la abrazaron, se lograra en Chile y el resto de los países del cono sur americano. Thompson estaba convencido que el crecimiento del norte europeo se explicaba por el fundamento de su sistema cultural, que era la máxima reformada, “la sola Biblia”. El deducía que si establecía en Chile el mismo fundamento europeo, la Biblia, se producirían los mismos resultados. Para Thompson, el que se recibe la biblia, la estudia y la internaliza en la vida personal y la promueve para la vida social contribuye al progreso, por lo tanto, un sistema de educación centrado en la Biblia, es la pieza clave para el avance de cualquier pueblo. Para entender la diferencia del fundamento filosófico de Thompson, hay que hacer el ejercicio de contrastarlo con el fundamento filosófico de la educación actual chilena, que es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 

Si bien, la metodología lancasteriana practicada por Thompson jamás volverá a aplicarse formalmente en el país, si lo hará el supuesto pedagógico en el que se inspiraba, porque la educación pública en la sociedad cristiana que estamos construyendo en el país, tendrá a las Escrituras como el fundamento de su quehacer académico, tanto en la administrativo como especialmente en su desarrollo curricular. Es un hecho inobjetable que los países que abrazaron la reforma protestante en el siglo dieciséis, cuya máxima era la “sola Biblia” tuvieron un desarrollo económico, científico y técnico enormemente mayor de los que la rechazaron, es decir, la afirmación thompsoniana que la Biblia hace progresar a los pueblos es irrefutablemente válida

 


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daniel

“A Daniel no lo mataron por ser gay.”

“Una verdad dolorosa e incómoda,

pero es una verdad.”

Rodrigo Fluxá “Solos en la noche”

Periodista del Mercurio

 

 

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