Willis C. Hoover

 

Norteamericano. Médico Cirujano. Profesor. Pastor. Fundador de la Iglesia Pentecostal Chilena.

 

 

A la llegada del pastor Hoover, el número de protestantes chilenos era magro, insignificante, una exigua minoría, indigna de consideración social si no fuera porque la componían extranjeros, y porque sus luchas por la libertad de pensamiento y la separación de la Iglesia del Estado eran del agrado de la inteligencia chilena. Es probable que al año 1889 de la llegada del médico cirujano al país, los protestantes no sobrepasaran el uno por ciento de la población que era de unas 3.500.000 personas. Esos intelectuales chilenos, aplaudían las luchas protestantes, pero no se hacían protestantes. El protestantismo chileno, además de minoritario, ser la religión de los extranjeros, tenía otra característica, que el sacerdote Ignacio Vergara destaca en su libro Historia del Protestantismo en Chile, “estaba asociado a las clases medias chilenas”, esto significa que nadie del mundo popular había sido atraído por la iglesia evangélica. El doctor Minguez (citado por el sacerdote en su libro), lo explica de esta manera: “La adoración y el mensaje protestante eran quizá demasiado intelectual o individualista para ellos y no despertaba ningún interés ni atracción en las masas indias y los campesinos. Esta lejanía del mundo popular con las iglesias protestantes y/o absoluta ausencia de las clases bajas chilenas en la obra evangélica se explica porque los métodos de introducción protestantes les eran completamente lejanos. El protestantismo ingresó a Chile abriendo el “Santiago Collage”, El “Iquique English Collage” y el “Colegio Inglés de Concepción”, y los “Deutsch Schule” en el sur del país”.

 

A la llegada del pastor Hoover, la realidad del protestantismo en la sociedad chilena era enteramente distinta de la que imaginó O’Higgins, de la que proyectó Thompson y por la que luchó Trumbull, pero este triste cuadro se vería solo por unos pocos años más, ya que a partir del siglo veinte, un movimiento telúrico de alta escala, denominado por los sociólogos como “explosión pentecostal” sacudiría y transformaría para siempre la geografía humana de la nacionalidad chilena. Este comenzó cuando el doctor Hoover, rector del Iquique English College recibió de Boston la orden de trasladarse a Valparaíso para reemplazar al pastor Wilson de la Iglesia Metodista Episcopal porteña que volvía a los Estados Unidos de América para disfrutar un tiempo de vacaciones. ¿Qué factores habrá tenido en cuenta la Sociedad Misionera Metodista para pedirle al director del colegio, que estaba haciendo un muy buen trabajo curricular y pedagógico, dejará la rectoría, y se cambiara a la ciudad de Valparaíso para asumir el pastorado de la iglesia, “considerando que Hoover no tenía experiencia pastoral” (Lalive, 1964). Hoover era medico cirujano, había ejercido la profesión en los Estados Unidos, tenía llamado de Dios, había sido seleccionado por la agencia misionera y enviado a Chile, pero a dirigir un colegio, no a pastorear una iglesia.

 

Pero el rector, obediente a la jerarquía misionera, abandonó las aulas del Iquique English College y viajó medio país para llegar a Valparaíso el 13 de febrero de 1902. La Iglesia Metodista Episcopal de Valparaíso estaba ubicada en la calle Chacabuco esquina de 12 de Febrero del puerto y se componía de unas trescientas personas y los profesores de la Escuela Dominical, de quienes Hoover se hizo cargo del primer día, estaban estudiando el Libro de Los Hechos de los Apóstoles. El rector Hoover cuenta en su libro “Historia del Avivamiento Pentecostal”, que al terminar una de las clases, un alumno le preguntó: ¿qué impide que nosotros seamos una iglesia como la iglesia primitiva?, a lo que Hoover respondió: “no hay impedimento ninguno, sino el que esté en nosotros mismos”. La iglesia de Jerusalén, o primitiva, o apostólica, se reunía en el aposento alto, un salón ubicado en el segundo piso de la casa de Bernabé, tío de Juan Marcos, señalan algunos comentaristas neotestamentarios, y se componía de unas ciento veinte personas. El día que el Espíritu Santo cayó sobre ellos, se produjo un estruendo que atrajo a miles de curiosos, de los cuales como 3000 se añadieron a la iglesia, después de escuchar la explicación de Pedro. Poco días después, y gracias a los gritos que daba el limosnero al interior del Templo, otros cinco mil se añadieron a la iglesia, también después de que Pedro les explicó que no era el quien había sanado al cojo, que fue “el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús.” Eruditos bíblicos estiman que la Iglesia de Jerusalén llego a tener cien mil miembros.

 

El Espíritu Santo fue derramado sobre la iglesia metodista episcopal de Valparaíso en el año 1909. El 1909 fue un año grandioso para la iglesia en Valparaíso, hay tantos emocionantes e inspiradores testimonios, de lo que ocurrió en ese bendecido año, que se inflama el corazón al recordarlos. El pastor Hoover nos relata algunos en su libro: “En esos días un hermano empleado como vigilante donde construían una casa, y por eso dormía de día, vino al pastor una tarde y le dijo: "Pastor, yo estaba durmiendo en mi casa hoy y el Señor vino y me dijo <<Despiértate, quiero hablarte>>. Le dije: Bueno Señor, y me dijo <<Anda donde tu Pastor y dile que llame a algunos de los hermanos más espirituales y que oren todos los días, porque voy a bautizarles con lenguas de fuego>>. Le dije: Bueno Señor y ¿puedo yo ser uno de ellos? <<Sí, me dijo>> y así he venido inmediatamente".Meditando sobre este relato, fue fácil ver que era de Dios como una respuesta directa a nuestras peticiones, que por tanto tiempo habían tenido esa dirección. Así es que se hizo conforme a estas palabras y desde el día siguiente, más o menos el 15 de Enero (1909), se reunían todos los días en la casa del pastor, a las cinco de la tarde, cinco personas y oramos en turno y nos separamos. El rato de nuestra oración era a veces más o menos largo; el asunto era poner nuestra petición delante del Señor.”

El siguiente hecho sucedió en la mañana del domingo 21 de febrero de 1909 al terminar una vigilia: “El pastor se puso a pasear frente al altar, meditando y preguntándose si había ganado algo o no, cantando un himno en voz baja cuando sintió que la voz se quebraba y que ya no podía cantar sino que rompió en un llanto que le sacudió todo, a la vez que se llenó todo el ser hasta la punta de los dedos de una dulzura indescriptible y en medio del llanto salían las palabras: “¡Mi Salvador, mi Salvador!”. Este llanto duró un buen rato y cuando se calmó el pastor se levantó y siguió el paseo, ya no preguntando si había ganado algo, sino, lleno de una dulzura inefable, siguió el canto bajo interrumpido. No tardó otra interrupción, esta vez por una risa tan fuerte e incontenible que tuvo que sentarse y dar libertad a la que no pudo retener…”

 

El crecimiento numérico ha sobrepasado en millones las expectativas de los primeros chilenos que fueron llenos del Espíritu Santo. El historicismo consigna en treinta los miembros de la iglesia metodista episcopal de Valparaíso que asistieron a la vigilia que empezó el sábado 20 de febrero de 1909 para pedir a Dios que les de también a ellos el bautismo del Espíritu Santo que le dio a la iglesia primitiva. A diez años del inicio del avivamiento de 1909, la Iglesia Metodista Pentecostal, comprendía veintidós congregaciones y tenía más de diez mil miembros. A cincuenta años del inicio del avivamiento, hay centenares de iglesias pentecostales y sus miembros suman más de trescientos setenta mil. Cuatro años antes del 1960, un sacerdote católico, destacaba con estas palabras el crecimiento pentecostal: “si los evangélicos continúan creciendo al mismo ritmo, de aquí a cincuenta años, todo el país será evangélico.” A setenta años del inicio del avivamiento, diversos líderes cristianos chilenos, estiman que hay, entre un millón doscientos mil y un millón cuatrocientos mil miembros en las iglesias evangélicas del país. A cien años del inicio del avivamiento pentecostal, hay en Chile, más de catorce mil iglesias evangélicas, presentes en todo el territorio nacional, con casi tres millones de miembros, lo que expresado en términos estadísticos, representa más del 15% de la población nacional. El avivamiento pentecostal cambió radicalmente la realidad del protestantismo existente a la llegada de Hoover, no solo en lo porcentual, sino que también en lo otro, la iglesia pentecostal es la religión de los pobres de Chile.

 

A más de cien años del inicio del avivamiento y después del milagroso crecimiento numérico de la iglesia evangélica chilena se pueden proyectar a futuro dos situaciones, que ciertamente se inscriben en el cumplimiento de la profecía “Chile Será Para Cristo”. La primera es que el movimiento pentecostal no ha terminado y tampoco ha tocado techo, es decir, seguirá expandiéndose hasta cumplirse probablemente lo que sentenció el sacerdote, “todo el país será evangélico”. La iglesia evangélica continúa leudando el segmento D y E, está penetrando rápidamente el C2 y el C3 y comienza a estar presente en el ABC1. La segunda situación tiene que ver con la influencia social. La iglesia evangélica, especialmente los pastores y sobre todo los jóvenes y señoritas cristianos, empiezan a sentir que los valores cristianos deben permear la convivencia social, la educación, las fuerzas armadas, la economía y la política. Así en las próximas décadas, profesionales evangélicos ascenderán de los niveles medios a jefaturas empresariales. Crearán empresas destinadas a la comercialización de servicios sociales en las áreas de la educación y las comunicaciones. En los próximos años invadirán los mass media para insistir en la institucionalización de dichos valores, por ahora piden constitucionalizar el matrimonio heterosexual, piden estrechar lazos con el Estado de Israel, hacen escuchar su oposición al aborto, a la distribución de la píldora del día después, a las uniones civiles homosexuales, a la eutanasia. Pronto se expresarán fuerte contra el laicismo en la educación pública y en la administración del Estado. Como es probable, que los intentos por formar una agrupación política evangélica, todavía no concite el apoyo, entregarán el apoyo y el voto solo a los partidos y políticos que les garanticen la promoción de los valores cristianos en el país.

 

El análisis estadístico de por si decidor, el desarrollo espiritual de por si descollante, no agotan ni remotamente el conocimiento de los objetivos que tuvo nuestro Dios al derramar el Espíritu Santo en la nación chilena. Cuando Dios escoge una nación para visitarla por medio del Espíritu Santo, debemos inclinarnos sobrecogidos porque estamos frente a un designio de su inconmensurable voluntad. Sabemos que a principios del siglo veinte, el Espíritu Santo visitó otras naciones también; los Estados Unidos de América, Inglaterra, Suecia, Canadá, Sudáfrica, India, ¿por qué lo hizo?, y sobre todo ¿para qué lo hizo? La historia nos muestra que de todas estas naciones bendecidas, fue en los Estados Unidos de América y en Chile donde la visita del Espíritu Santo se proyectó en la formación de poderosas iglesias pentecostales, pero, ¿es eso todo? ¿Para qué Dios querría tener una poderosa iglesia pentecostal en los Estados Unidos y en Chile? ¿Qué quiere Dios con los Estados de Unidos de América y con Chile? El conocimiento bíblico sobre la grandeza y la profundidad de la sabiduría de Dios nos enseña que el nuestro, es un Dios que tiene propósitos, porque las iglesias grandes y poderosas como las que hay en Estados Unidos y en Chile, existen para cumplir misiones. Las iglesias evangélicas norteamericanas y chilenas tienen la misión escatológica de salvar a sus naciones del antisemitismo y del progresismo, dos venenos que degradan y hundirán a los pueblos del mundo. (Leer glosario)


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daniel

“A Daniel no lo mataron por ser gay.”

“Una verdad dolorosa e incómoda,

pero es una verdad.”

Rodrigo Fluxá “Solos en la noche”

Periodista del Mercurio

 

 

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